La amiga sin hijos

Hace un poco más de 10 años yo era esa amiga sin hijos, la que se alegraba infinitamente por la llegada de los hijos de mis amigas. Veía el orgullo y cansancio en sus caras, mientras yo cargaba a esos chiquitos sin imaginar la labor titánica de esas recién estrenadas mamás.

Pasado un tiempo me di cuenta que esas amistades poco sobrevivieron a la maternidad y nuestras vidas se diversificaron tremendamente. Recuerdo que bastaba no llamarlas o verlas por algunas semanas para no «aburrirme» con el tema de sus hijos y sus nuevas vidas. En algunas ocasiones intenté desviar las pláticas a algo que no fueran bebés, pañales desvelos y llantos, pero no lo lograba.

Ahora, yo soy la que está del otro lado de la moneda, siendo madre de 2 criaturas, que absorben casi por completo mi tiempo, pensamientos y energía. Nunca de los nunca creí convertirme en esa mamá que dedicaría sus días a hornear galletas, curar muñecas, reparar carritos y armas imperios con Lego.

Por un tiempo me olvidé de mis amigas, los tragos, el maquillaje y las pláticas tan amenas, en las que siempre falta más tiempo para desmenuzar cualquier tema, desde su origen, encontrando todos los matices y, como buenas mujeres regresar al punto de partida. La verdad ¡cómo me hacían falta mis amigas!, llegué a pensar que no volvería a tener tiempo para ellas, principalmente para mí. Afortunadamente, estuve equivocada.

Les he platicado que acudí a terapia, porque no sabía cómo comunicarme con mis hijos, y ahí fui soltando poco a poco creencias, costumbres y estigmas. Una de las cosas más importantes que logré soltar, fue dejar de sentir culpa de no ser «mamá 24/7». Puede sonar descabellado, pero aceptar que mis hijos no lo son todo en la vida, me permitió disfrutar de nuevo una escapada al spa con margaritas en mano, salir de compras o simplemente almorzar fuera de casa con esas hermosas amigas, y así es como procuro siempre buscar momentos y horas en las que únicamente me dedico a mí.

Keila Barron

Nací y crecí en la Ciudad de México, el destino me llevó a emigrar a los Estados Unidos hace algunos años emprendiendo un viaje sin retorno. La vida me regaló un marido como nunca lo imaginé, entre dos idiomas y diferentes culturas llegaron mis dos hijos. Mi nombre es Keila, soy una mujer que, como todas, tengo múltiples roles: soy esposa, amante, mamá, hija, hermana, amiga, alumna, y lo que se vaya ofreciendo durante el día. Me encanta platicar, así que que les voy a compartir un poco de todo lo que sucede en esta pequeña familia y los malabares que hago porque todos estemos en una sola pieza antes de irnos a la cama.

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