Crianza sin machismo

En nuestra cultura el machismo, lamentablemente, está tan arraigado a nuestra vida cotidiana que casi lo vemos como una característica que tiene el hombre mexicano. De la mano del machismo, va la violencia contra las mujeres.

Cuando me mudé de país, creí que eso no lo vería en un país de primer mundo, tenía la ingenua idea de que sería diferente, que las mujeres aquí estarían al mismo nivel que los hombres, por lo tanto, el género no sería más que un cuadrito que llenar en cada formulario que hiciera. ¡Que equivocada estaba!, y es que poco a poco me di cuenta que la violencia de género no tiene fronteras, idioma, raza o estatus social.

Según la ONU, 1 de cada 3 mujeres en el mundo sufre violencia física o sexual, principalmente a manos de un compañero sentimental. La ONU Mujeres, nos explica que la violencia contra las mujeres es el abuso a los derechos humanos más generalizado y «el feminicidio es su expresión extrema». Y América Latina, es la región donde se presentan más asesinatos de mujeres por su género: 14 de los 25 países del mundo con las tasas más elevadas de feminicidio están en esta parte del mundo (CNN Español, 25 de Noviembre, 2016). Esta realidad es como un balde de agua fría en todo momento.

Pero, ¿en dónde comienza el problema?, ¿qué podemos hacer las mujeres para cambiar poco a poco ese panorama, que hemos tenido las mujeres de todas las generaciones?

Primero que nada, creo es necesario saber que existen diversas formas de violencia; en lo personal hay una que considero la más común y fácil de llevar a cabo por un abusador, pues no hay marcas visibles, es tan sutil, que pasa desapercibida por completo la mayoría de las veces: la violencia psicológica. Esa que entra como la humedad a las casas y no te das cuenta hasta que estás invadida, esa que te hacen sentir que eres tonta, inútil, que no vales nada, te despersonaliza y terminas completamente dependiente de tu verdugo.

Creo el problema empieza en la célula más pequeña y elemental de la sociedad: la familia. Por naturaleza las madres, somos las que transmitimos los valores y dogmas a nuestros hijos desde muy pequeños, por eso es que estoy convencida que es de gran importancia educar para cambiar esas estadísticas tan desalentadoras para nuestras niñas.

Cald tiene la fortuna de tener hombres maravillosos como modelos a seguir; de entrada mi adorado esposo, quien no duda ni por un segundo en velar por el bienestar de las mujeres, las respeta y motiva a lograr todo cuanto se propongan e incluso, si está en sus manos, les facilita herramientas y medios para que alcancen sus metas. También cuenta con sus abuelos, sus tíos y su padrino, quienes con su ejemplo, le transmiten valores, y de forma natural le inculcan el amor y respeto por las mujeres. Para mí, ha sido fácil con esta villa de hombres excepcionales, ir guiando a Cald en un ambiente donde no hay cabida para la violencia de género.

Como mencioné arriba, todo empieza en la familia. Cuando Ivanna comenzaba a dar sus primeros pasos, Cald la ayudaba, la guiaba y era fácil ver que el instinto de protección hacia Ivanna era natural. Yo los observaba embelesada atesorando cada uno de esos momentos. Hasta que un día, Ivanna ya un poco más grande se cayó, se raspó la mano y la rodilla, levantó su carita para buscar consuelo en su hermano, como muchas veces antes, y lo que encontró fue un niño riéndose, señalándola y diciéndole “tontita te caíste ja ja ja ja.” Primero me puse fúrica con él, me dolió ver que reaccionara así. Después más tranquila le pregunté ¿por qué se había burlado de su hermana al caerse?, me dijo que en la escuela si se cae una niña, todos los niños se burlan de ella y él también ¡por ser cool como los otros niños!

Ahí está una de las tantas raíces del tema, le expliqué que hay dos tipos de cool en la vida: los perdedores y los que hacen lo correcto, que tenía que escoger a qué lado pertenecer, pero que yo sé que en esta casa no hay perdedores, al contrario, somos quienes podemos hacer la diferencia entre un día bueno y uno malo en los demás. Cald se disculpó con ivanna, le dio besitos y ahí termino mi furia.

Si tan solo en cada familia donde se esté criando un niño, se les enseñara que no necesitamos más perdedores, no necesitamos más chicos cool del bando incorrecto, creo podríamos encaminarnos hacia un cambio. Las personas, la mayoría del tiempo, no sabemos lo que queremos en nuestras vidas, pero si sabemos perfectamente lo que no queremos en ella. Cada día somos más las que queremos vivir sin violencia, y no queremos perder ni una más por eso.

Keila Barron

Nací y crecí en la Ciudad de México, el destino me llevó a emigrar a los Estados Unidos hace algunos años emprendiendo un viaje sin retorno. La vida me regaló un marido como nunca lo imaginé, entre dos idiomas y diferentes culturas llegaron mis dos hijos. Mi nombre es Keila, soy una mujer que, como todas, tengo múltiples roles: soy esposa, amante, mamá, hija, hermana, amiga, alumna, y lo que se vaya ofreciendo durante el día. Me encanta platicar, así que que les voy a compartir un poco de todo lo que sucede en esta pequeña familia y los malabares que hago porque todos estemos en una sola pieza antes de irnos a la cama.

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