Cuando nace un niño, la magia ocurre, emergen los abuelos

¿Alguna vez has sido feliz por el simple hecho de que alguien o algo exista? Bueno, ese tipo de felicidad solo lo traen pocas cosas en la vida y una de ellas es la llegada de los nietos que convierten en abuelos a nuestros padres. Los abuelos son esos seres místicos que tienen una combinación perfecta de experiencia, dulzura y paciencia de la que nosotros carecemos.

En esta familia tenemos la suerte de que mis hijos conozcan a sus cuatro abuelos. Los cuatro son como los puntos cardinales de una brújula, completamente diferentes, necesarios e importantes.

En alguna ocasión tuve la oportunidad de vivir con mis adorados suegros por un mes, al principio estaba un poco nerviosa en cuanto a Cald, quien tenía un poco más de dos años y una curiosidad de gato. Paca y Nana como les dicen sus nietos a mis suegros, son un matrimonio salido de un cuento de los que leemos por las noches. Resultaron ser los abuelos que nunca creí que tendrían mis hijos: reservados, respetuosos y yo no sé en qué consista pero tienen un tino de magos para escogerles los regalos; mis hijos están vestidos la mayoría del tiempo con la ropa que su Nana les escoge y manda con una tarjetas y su hermosa caligrafía como regalo de pascuas, cumpleaños y navidad. No son abuelos de besos y abrazos, pero su amor es tan grande, que cruzan en carro el país entero, para visitarnos una vez al año sin importar en dónde estemos. Cald los adora, los llama seguido y sabe que lleva el mismo nombre que su Paca y su papá; ya saben esa tradición de ponerles los mismos nombres de generación en generación, que me parecía de lo más cursi en el pasado y ahora me tocó en mi familia. Paca y Nana sin estar físicamente con nosotros, tienen una gran influencia en nuestras vidas. Su sencillez en la vida y sus silencios, que llenan más que las voces, no son incómodos, por el contrario, te hacen sentir que no hay mucho que decir cuando todo está bien entre las personas;  yo creo que Ivanna heredó eso de ellos, que por cierto sigue sin decidirse qué idioma hablar.

Por otra parte está Abi, como le dicen de cariño a mi mamá. Entre Cald, Ivanna y mi mamá hay un trato como ninguno, aunque son generaciones diferentes, existe un lenguaje entre ellos en el cual yo no estoy incluida. Mi mamá es una mujer hermosa de mil colores, es la abuela a la que le dejas a los hijos con los ojos cerrados y sus traseros bien puestos, por si acaso necesita darles una buena nalgada si rebasan sus límites, que son bastante holgados. No hay momento que se compare con la llegada de Abi cada verano o invierno, su presencia me hace sentir segura y que no hay nada que ella no pueda resolver,  nos transmite una inmensa dulzura, montones de risas y experiencias que sé que van a acompañarnos por siempre. Ivanna sacó los chinos de mi mamá, el amor a los maratones por dormir; creo hasta coordinan sus sueños cuando duermen juntas, pues cada que entro a su recámara las veo con la misma paz en la cara; Cald sacó el afán por cuidar de los animales, sin horarios ni preguntas, cada que regresamos de México, Cald quiere una mascota nueva, le digo que tiene todos los de su Abi en México, que son de él; por el momento aún me compra el cuento, pero sé que eso no va a durar mucho. Abi es esa misteriosa nota con la que se cubre la infancia, como un polvo mágico, todo a su alrededor lo llena de aromas con su comida que nos cobija el corazón y nos llena la barriga fantásticamente.

Como buena abuela latina, la comida es una extensión de su cariño; a Ivanna le prepara sus huevos con tortilla dorada, cortada en trozos grandes, porque si son pequeños no le gusta, y el huevo no muy cocido porque se seca; aunque me llego a irritar cada que me dice cómo debo hacerle los huevos a Ivannita, en el fondo me llena el pecho de ternura y adoración por Abi. Con Cald comparte la picardía del idioma, los chistes en español y el gusto a la lectura.

Por último está mi papá, a quien le dicen abuelo; lo ven poco, el lazo entre mis hijos y mi papá es muy sutil pero genuino, puro y sin pretensiones; lo cual hace de esos cuatro puntos cardenales la composición perfecta para Cald e Ivanna.

Podría concluir con la siguiente frase que encontré en Internet, “Que ganga son los nietos, les doy mi cambio suelto y me dan un placer de un millón de dólares”. Feliz mes del abuelo y gracias, gracias porque a los mejores papás los ascienden a ser abuelos.

 

Keila Barron

Nací y crecí en la Ciudad de México, el destino me llevó a emigrar a los Estados Unidos hace algunos años emprendiendo un viaje sin retorno. La vida me regaló un marido como nunca lo imaginé, entre dos idiomas y diferentes culturas llegaron mis dos hijos. Mi nombre es Keila, soy una mujer que, como todas, tengo múltiples roles: soy esposa, amante, mamá, hija, hermana, amiga, alumna, y lo que se vaya ofreciendo durante el día. Me encanta platicar, así que que les voy a compartir un poco de todo lo que sucede en esta pequeña familia y los malabares que hago porque todos estemos en una sola pieza antes de irnos a la cama.

Comments (2)

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    Judith

    Eres la persona más divertida que conozco, gracias a Dios por tu vida y porque estas en la mía, eres más que amiga mi hermana de corazón y te admiro por un millón de cosas

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    Pavel

    Me encanta tu redaccion, tan sencilla y amena pero con tanto sentimiento. Soy fan de tus relatos.

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