Cuentos de buenas noches

Cuando nació mi hija Ivanna, la vida me concedió uno de mis deseos más profundos: tener una niña. No es que la llegada de mi primer hijo, Caldwell, haya sido menos especial sino que cada uno llegó con su propia esencia y desfile de emociones tan diferentes y maravillosos como el sol y la luna. La llegada de Ivanna a nuestras vidas fue de sorpresa, pues estábamos en una de esas transiciones de nuestra vida donde todo pareciera no tener pies ni cabeza e Ivanna fue la cereza del pastel.

En medio de ese caos que provoca la llegada de un nuevo miembro a la familia, me fui dando cuenta que la diferencia entre criar a un niño y una niña es descomunal en nuestra cultura. Primero déjenme platicarles un poco sobre mi infancia; fui una niña muy curiosa y difícil de mantener fuera de problemas, me imagino todos los dolores de cabeza que esto le ocasionó a mi mamá. Por otra parte, mi hermana que es 3 años más grande que yo tenía el doble de curiosidad, está dotada de una inteligencia voraz y un carácter terrible, por lo tanto si no estábamos peleando entre nosotras, estábamos trabajando en algún proyecto que nos inventábamos, solo por mencionar en qué consistían nuestros proyectos: armábamos y desarmábamos aparatos domésticos, lo mejor era que volvían a funcionar, quitábamos y poníamos la puerta de la recámara de mis papás para comernos sus chocolates, cabe mencionar que nuestros papás no se enteraron de nuestros proyectos el 90% de las veces.

Mi papá se dedicaba a la herrería y eso nos daba un mundo de herramientas para hacer de todo, poco a poco y sin darnos cuenta empezamos a hacer cosas de “hombres” sin ningún problema; entre la perseverancia que heredamos de mi mamá y el carácter de mi papá, crecimos sin ningún límite por ser mujeres. Por el contrario, nuestros padres nos alentaron a hacer todo cuanto quisiéramos, nos dejaron equivocarnos, nos dejaron fracasar, aprender y siempre estuvieron en los años más importantes de nuestra formación como adultas dispuestos a apoyarnos en cuanta aventura nos lanzáramos, nunca escuche un “tú no puedes porque eres niña”.

Regresando a la llegada de mi hija, al principio fue fácil hacer las diferencias entre un niño y una niña, ya saben, la ropa, los colores, los juguetes, todos esos detalles que hacen la distinción de género. Ivanna comenzó a crecer y con eso ganó un poco de independencia, me di cuenta que lo mismo le daba jugar con una muñeca llena de listones de colores en la cabeza que le regaló una querida amiga en México, que con power ranger de su hermano, lo mismo le daba dormir a su oso, que a spiderman. Lo mismo sucedió con mi hijo, le dio igual jugar con las muñecas de su hermana que con sus carritos.

Un día, me comentaron que había salido un libro que se llama “Cuentos de buenas noches para niñas rebeldes” de Elena Favilli y Francesca Cavalo, editorial Paneta. Mi hermana que adora a sus sobrinos se lo regalo a Ivanna en cuanto pudo y así es como llegó ese libro a nuestra casa. Lo puse entre una pila de libros para cuando sean grandes y ahí se quedó por algunos meses. Cada que pasaba cerca de ellos, pensaba: “Ivanna, crece rápido que te quiero leer ese libro”.

Se me ocurrió que se lo podía leer a mi hijo, que no tenía que esperar que mi hija creciera para poderlo disfrutar. Lo primero que me preguntó Caldwell fue: ¿por qué es para niñas y no para niños? Le expliqué que en ocasiones las personas cuando quieren ofender a alguien, le dicen “corres como niña” dando a entender que las niñas no somos buenas corriendo, pero que al contrario de lo que se cree, las niñas podemos correr igual o más rápido que los niños, y ese libro se trata de eso, de mostrarle a él y al mundo que las niñas podemos hacer lo mismo que los niños.

El libro es una recopilación de 100 historias de mujeres extraordinarias, cada historia es de una página haciendo súper agradable y relajado leerlo, acompañado de ilustraciones increíbles, pues cada una fue hecha por un artista diferente, plasmando parte de ellos y parte de alguna característica de esas extraordinarias mujeres.

El libro está abriendo un diálogo mágico entre mi hijo y yo, me encanta ver su cara de sorpresa y sus preguntas llenas de inocencia, preguntas como: ¿por qué la casa de Frida Kahlo era azul en lugar de morada?, le dije que seguramente a ella le gustaba mucho el azul, o ¿por qué Catalina la Grande traicionó a su esposo por salvar a su pueblo?, con sus 6 años no va a entender todo lo que hay detrás de esas historias por el momento, eso me queda claro, pero confío en que con el tiempo llegue a apreciar lo especial de ese libro. Todas las noches leemos juntos, quiero señalar que no me interesa que se memorice nombres y fechas, mi intención es sembrar en su corazón el respeto y compañerismo que debe haber entre hombres y mujeres, que nos vea como sus iguales y hacer todo lo posible por ser parte de ese cambio que se debe dar en cuanto a la diferencia social entre géneros.

Quiero recalcar que hay temas que no son aptos para niños chiquitos, si eres una mamá o un papá como yo dispuestos a mostrarles el mundo como es, les puedes explicar a su edad las cosas. Si eres un poco más protectora sobre la información que tus hijos o hijas leen, creo esperar a los 10 años o más seria perfecto para ti.

Tengo que admitir, que en ocasiones, leo más para mí que para él, me emociona hasta la médula leer sus historias, mujeres y niñas que no aceptaron un no y estuvieron dispuestas a todo para alcanzar sus metas. Las siento tan cerca, tan humanas como yo, llenas de sueños, miedos, fracasos, triunfos pero sobre todo, llenas de fe en sí mismas.

Así, la cereza del pastel de esta pequeña familia llegó para llenarnos a todos de su ternura infinita, una melena atolondrada, un par de ojos que hablan y sobre todo, un alma rebelde.

Keila Barron

Nací y crecí en la Ciudad de México, el destino me llevó a emigrar a los Estados Unidos hace algunos años emprendiendo un viaje sin retorno. La vida me regaló un marido como nunca lo imaginé, entre dos idiomas y diferentes culturas llegaron mis dos hijos. Mi nombre es Keila, soy una mujer que, como todas, tengo múltiples roles: soy esposa, amante, mamá, hija, hermana, amiga, alumna, y lo que se vaya ofreciendo durante el día. Me encanta platicar, así que que les voy a compartir un poco de todo lo que sucede en esta pequeña familia y los malabares que hago porque todos estemos en una sola pieza antes de irnos a la cama.

Comments (2)

  • Avatar

    Maria

    Muy agradable, lleno de amor y verdad , yo leía para mis hijas y se lo que esto les da y ayuda en su vida,, aún cuando no entienda todo la confección entre las letras y ellos siempre estará presente. Gracias! El último parrafo me derritió!!!

    Reply

    • Avatar

      Keila Barron

      Hola Maria, gracias a ti por leernos, la lectura es magia pura! Saludos

      Reply

Leave a comment