El mundo en pausa

Hoy el mundo está, literal, en pausa. Jamás, ni en mi sueño o pesadilla más rara, creí ver o vivir lo que está sucediendo. Me refiero a pausa, no porque la gente no esté moviéndose, trabajando y cuidando de los suyos a medida de sus posibilidades, sino que por alguna razón, el universo decidió obligarnos a darle o darnos un respiro.

No les voy a mentir, los primeros días de la famosa cuarentena, me dediqué a ver noticias y empaparme de todo lo referente al tema. De trancazo me encontré con dos niños en casa por las siguientes 3 semanas, que parece se convertirán en muchas más. Tal fue el impacto, que traigo una colitis que me tiene comiendo, aburridísima, encerrada y sin muchas opciones para distraer y entretener a mis pequeños tesoros.

Llegado a este punto, he decidido recorrer de sus manos, este camino que va a estar lleno de baches, subidas, bajadas, pérdidas y experiencias. No tengo ni idea de qué vamos a hacer o cómo lo vamos a hacer, así que he decidido que esta pandemia la vamos a recordar como un tiempo difícil, pero llena de besos y abrazos, desayunos con calma, comidas sin prisas, y así.

Aunque convivo todo los días con mi familia, estas dos semanas, me he regalado el gusto de descubrir un poco más de ellos. Entre más los observo detenidamente, más los gozo y me fascinan. A Ivanna viéndola bailar solita frente al espejo, improvisado coreografías, y sus interminables tea parties con sus muñecos de peluche, son el espectáculo perfecto a cualquier hora del día. Cald, algo más libre e intenso, estos días lo vi crecer de sopetón, sus respuestas ya son más elaboradas y con argumentos, por supuesto a su favor; su independencia me asusta muchísimo, no es que lo quiera conmigo para siempre, pero el tiempo no perdona, y cada día es uno menos de su hermosa infancia. En una situación “común”, sus múltiples razonamientos me habrían puesto los pelos de punta, pero por alguna razón me pasa algo muy curioso, una parte de mí ya no quiere escucharlo, pero otra parte lo provoca para que siga exponiendo su razón, me gusta escucharlo en su español con acento que se esfuerza por aprender, no por gusto sino por mi necio afán de que lo hable lo más correcto y fluido posible.

Los días se han ido convirtiendo en mañana, tarde y noche en esta casa, con excepción de los fines de semana y los lunes que BJ descansa. Tenerlo en casa esos días me regala una sensación de que tengo a mi familia segura, entre cuatro paredes y nada, absolutamente nada, se compara con ese sosiego de tres días.

No pretendo romantizar lo que está sucediendo ni mucho menos, por supuesto que tengo días en que la incertidumbre entra sin avisar y me roba la calma; los niños se pelean, lloran, gritan y hasta he tenido que recurrir a la amenaza de quitar la puerta de sus recamaras si las volvían a azotar cuando los mando a su cuarto para no arremeter mi frustración contra ellos.

Esta crisis, por llamarla de alguna forma, me está enseñado que la planeación y lo improvisto pueden llevarse bastante bien si somos flexibles, si estamos abiertos, si dejamos de sobrepensar las cosas y nos enfocamos en lo que está justo frente a nosotros. Y esa es mi misión por el momento.

Los primeros días, traté de hacer horarios, manualidades, jugar todos los juegos de mesa que hay en casa, horneamos galletas, pasteles, hicimos cositas con material reciclado, y ¿qué creen?, a los tres días ya se me habían acabado casi todas las ideas, materiales, colaciones, y además mi ánimo y paciencia habían desaparecido, se esfumaron y ni adiós me dijeron.

Después del magistral fracaso de mi tan elaborado plan, dejé de ver las miles de ideas que hay en internet, boté mis listas de actividades a la basura y me propuse a entrar al plan improvisación.

Y así es como la hemos pasado los últimos días, con un par de chamacos que se meten a mi cama por ahí de las 6 de la mañana, prenden mi tele y vemos algún programa o película; por cierto Ivanna me sorprendió con su nuevo programa favorito, “Doctor K, animales exóticos”, donde pasan cirugías y procedimientos reales, dignos de una película de terror, que ella ve sin inmutarse. Desayunamos en pijama entre las ocho y las diez de la mañana, de ahí limpiamos juntos, casi a medio dia, Cald hace hora y media de actividades escolares en línea; estoy tan agradecida por esos recursos que me facilitan la vida y nos ahorran horas de lágrimas; y soy realista, Cald, como la mayoría de los niños, en muchas partes del mundo, se van retrasar en la escuela, y no pasa nada. Comemos lunch, de ahí es tarde libre, sí, horas y horas de tv, videollamadas, videojuegos, salir al patio o simplemente aburrirnos juntos en lo que llega BJ.

Me despido con esta frase que me gusto, “En los momentos de crisis, solo la imaginación es importante que el conocimiento”John Maynard Keynes.

Keila Barron

Nací y crecí en la Ciudad de México, el destino me llevó a emigrar a los Estados Unidos hace algunos años emprendiendo un viaje sin retorno. La vida me regaló un marido como nunca lo imaginé, entre dos idiomas y diferentes culturas llegaron mis dos hijos. Mi nombre es Keila, soy una mujer que, como todas, tengo múltiples roles: soy esposa, amante, mamá, hija, hermana, amiga, alumna, y lo que se vaya ofreciendo durante el día. Me encanta platicar, así que que les voy a compartir un poco de todo lo que sucede en esta pequeña familia y los malabares que hago porque todos estemos en una sola pieza antes de irnos a la cama.

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