¿Cuándo fue tu última primera vez?

El verano pasado que vinimos a México, tuve la oportunidad de ir a bailar salsa a uno de los renombrados salones que últimamente se han puesto de moda en la ciudad. Fui con familiares y entre ellos un primo que nació con la música, el ritmo y la rumba, como parte de su ADN. Quedé fascinada con lo que vi, el tiempo se pasó sin que nos diéramos cuenta y aquella noche me dejó con ganas de bailar.

A un año de ese día, regreso a México a pasar el verano entre olores, familia y cosas que solo se pueden hacer aquí

Así que después de pensarlo mucho, me animé a inscribirme a clases de salsa. La verdad iba super nerviosa, ver la gracia, energía y ánimo de las personas ahí, me cohibía muchísimo. El miedo a hacer el ridículo estuvo a punto de hacer renunciar a las clases. Pero pasadas la primeras dos semanas, me di cuenta lo divertido que es hacer algo por primera vez.

Resulta que no sé contar, que me adelanto en todo, que tengo dos pies izquierdos y no sé trabajar en equipo. Uno de mis compañeros me dijo «La niña que baila sola», no saben cómo me reí y al mismo tiempo, me di cuenta de lo mucho que necesitamos de otros para todo.

Las pausas en todo son necesarias, en la música, en los pasos, en la vida. Sin ellas no notamos los cambios, nos brincamos momentos y nos perdemos.

Me sigo equivocando todos los días pero las risas, la emoción y el aprender un paso a paso me hicieron vibrar rico, ver que aun tengo capacidad de moverme, me pone de buen humor. Muchas veces llegué cansadísima a las clases, pero algo sucede que salgo feliz, empapada en sudor y con una sonrisa divina.

Al final de cada clases, los chicos de la academia derrochan pasión, gracia y una sensualidad que hacia el baile que no me es difícil admirar y gozar mientras bailan sin pensarlo.

¿Cuándo fue la ultima primera vez? Espero que pronto, mientras yo voy por mis ultimas clases de este verano.

Keila Barron

Nací y crecí en la Ciudad de México, el destino me llevó a emigrar a los Estados Unidos hace algunos años emprendiendo un viaje sin retorno. La vida me regaló un marido como nunca lo imaginé, entre dos idiomas y diferentes culturas llegaron mis dos hijos. Mi nombre es Keila, soy una mujer que, como todas, tengo múltiples roles: soy esposa, amante, mamá, hija, hermana, amiga, alumna, y lo que se vaya ofreciendo durante el día. Me encanta platicar, así que que les voy a compartir un poco de todo lo que sucede en esta pequeña familia y los malabares que hago porque todos estemos en una sola pieza antes de irnos a la cama.

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