¿Qué pasó con esas prioridades?

Ya es marzo, la  primavera está por entrar rimbombante  con su fiesta de colores y alegrías a causa del polen y me pregunto, ¿En dónde quedaron esos propósitos de año nuevo que con tanta ilusión nos fijamos en enero? A esas buenas intenciones que nos planteamos, yo  prefiero llamarle prioridades en lugar de propósitos.

La mayoría de dichos propósitos están enfocados en uno mismo, y sabes, eso es lo que realmente los hace una prioridad. Sin embargo la realidad es que al paso de los días, las semanas y los meses nos olvidamos de todos nuestros propósitos y sueños para este año; estos se van al cajón de los pendientes y ahí los dejamos empolvándose hasta vísperas del siguiente Año Nuevo. De hecho, aún no han pasado más de 3 meses desde que comenzó el año, seguro ya están rezagados al final de nuestra lista. Ahí es donde yo los pongo como una prioridad, sí, una prioridad porque son cosas que hemos querido hacer desde hace tiempo y por una razón u otra los dejamos para después y ese después se convierte en nunca, anteponiendo las necesidades de otros.

Este año lo comencé con una prioridad, me regalé tres días sin hacer nada, es decir, ninguno de los pendientes que ponemos en las listas mentales, aquellos que nos hacemos las mamás todas las mañanas o incluso en la noche anterior antes de irnos a la cama. Claro está que me aseguré de que los niños tuvieran comida lista para esos días, que el gato tuviera agua y comida y le dije a mi querido marido que si quería comer otra cosa que no fueran las sobras de los días anteriores y barras de granola, podía comprar algo para la cena camino a casa.

Me bañé temprano, me enfundé mis pantalones de yoga favoritos y me dispuse a ver películas con los niños por tres días, también sin ellos; dejé que pelearan un poco y se arreglaran solos, solo intervine cuando la integridad de la niña que es más chica se veía comprometida por su hermano mayor persiguiéndola como apache por todo el departamento tal y como en las películas. Y saben, fueron los tres días más relajados que he tenido en los últimos meses. No voy a mentir, la pila de trastes sucios era tan alta como el Everest, los baños eran un caos, la ropa sucia se reprodujo como por arte de magia y descubrí que los niños tienen más juguetes de los que necesitan. Pero también descubrí que mi hija sonríe como yo cuando era niña, que mi hijo tiene la misma forma de dormir que mi hermana, que mi marido es un hombre complaciente y generoso con su tiempo hacia nosotros.

Descubrí que mis prisas no me habían permitido ver que mi hija ya no es una bebé y  no cabe en mis brazos como antes. Que mi hijo es un niño con opinión propia y con un corazón que empieza a distinguir el bien hacer del mal hacer, que mi gato me hace más compañía de la que creía.

Después de ese descanso que de primera instancia yo y a la par mi familia nos merecíamos, me di cuenta de la mamá mandona que soy y así empecé a hacer mi lista de prioridades. La pegué detrás de una foto mía que me encanta y todos los días me regalo algo de esa lista.

En mi lista incluí cosas simples de la vida diaria y metas que requieren de mucho trabajo y dedicación, me aseguro de al menos dedicarme algo para mí al día, ya sea leer 15 minutos un libro, tomarme ese trago que tanto me gusta, ponerme mi perfume favorito sin ser una ocasión especial, o algún ritual como el que hago todos los viernes, ese día por ejemplo y sin excusa meto a los niños a la tina a bañar temprano, dejo que se les haga la piel de pasita, el agua termina turbia y fría, ya  a punto de que les de un catarro por imprudencia mía, los saco, los visto con calma, les doy unos cuantos besos de más, les leo un poquito de más, los dejo comer más dulces, yo creo para calmar mi culpa de la semana con prisas. A las 7:30 pm apago todas las luces, los cobijo en mi cama, finjo estar dormida por media hora, cuando por fin están profundamente dormidos, los llevo a sus recamaras, en ese momento me llega una sensación  como cuando era niña y llegaba el día de salir a andar en bicicleta con mi mama y mi hermana, prendo las luces, me sirvo un trago y me pongo a ver un par de películas en Netflix o alguna serie que llevo esperando por meses. Olvidé mencionar que los viernes mi adorado marido llega de trabajar a la una de la mañana y eso hace la experiencia más personalComenzar el fin de semana así, me llena de energía y buena disposición con mi estirpe. Poco a poco con la ayuda de libros maravillosos, mi bella terapeuta y el apoyo incondicional de mi compañero de vida, descubrí que yo soy la prioridad número uno en mi vida, soy la única responsable de realizarme y procurarme equilibrio y bienestar, deshacerme de la culpa de servir primero a los demás, me ha permitido ser una mejor versión de mí en los últimos meses.

Así que, haz de ti una prioridad y recuerda:

“Si algo es importante, vas a encontrar la forma de hacerlo. Si no lo es, vas a encontrar una excusa y tú eres importante.”

Keila Barron

Nací y crecí en la Ciudad de México, el destino me llevó a emigrar a los Estados Unidos hace algunos años emprendiendo un viaje sin retorno. La vida me regaló un marido como nunca lo imaginé, entre dos idiomas y diferentes culturas llegaron mis dos hijos. Mi nombre es Keila, soy una mujer que, como todas, tengo múltiples roles: soy esposa, amante, mamá, hija, hermana, amiga, alumna, y lo que se vaya ofreciendo durante el día. Me encanta platicar, así que que les voy a compartir un poco de todo lo que sucede en esta pequeña familia y los malabares que hago porque todos estemos en una sola pieza antes de irnos a la cama.

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