Reivindicando la labor de Santa Claus

En un parpadear se pasó una vuelta completa al sol y estamos por comenzar en último mes del año, diciembre. Para la mayoría de las personas, este mes trae un espíritu muy generoso, donde dar, pareciera es el verdadero regalo de noche buena… y lo es. La calidez de los abrazos junto con esas cajas forradas con hermosos papeles navideños y sus brillantes monos, más una cena y calor de hogar, son los ingredientes que hacen que uno cierre el año con broche de oro.

Y bueno, los que tenemos niños en casa, sabemos que no hay fecha más esperada que la mañana del 25 de diciembre, en la que no se quién se sienta más ilusionado, los niños por abrir sus regalos, o nosotros los papás, con la esperanza de convertir alguno de sus muchos anhelos en realidad. Sin olvidarnos por supuesto de un personaje único e icónico que acompaña esta temporada y que por sí solo, hace que la Navidad sea magia en todo su esplendor, Santa Claus. En lo personal, disfruto mucho leyendo las cartas de los niños para él y su gran influencia que tiene en este mes en su comportamiento, pareciera que Santa trabaja 24/7 durante los primeros 25 días de diciembre, cuidando que hagan sus labores sin respingar tanto y peleen menos entre hermanos.

Debo confesar que disfruto infinitamente esas semanas de niños más atentos y dispuestos a colaborar. Como todo en la vida, debe haber un balance, nosotros los papas, ayudamos a Santa a traer sonrisas y cumplir deseos en medida de lo posible. Ahí es donde en esta casa, los papás ponemos manos a la obra y procuramos dar uno o dos regalos a los niños a nuestro nombre.

Según la tradición, entre mejor se portan los niños, mejores son los regalos. Bueno, aquí se está rompiendo esa tradición por varios motivos. Considero que todos los niños son buenos, y que su bondad no debe ser “calificada” con un regalo, por decirlo de alguna manera.

Hay muchísimas casas donde los recursos son limitados, es más, algunos casos ni siquiera hay los recursos y es el momento perfecto para cubrir necesidades básicas de ropa y cosas indispensables. Creo que estos pequeños, en el fondo sienten que no son lo suficientemente buenos, o que no valen lo suficiente, al ver que a sus compañeros de clases, Santa les trajo la última consola de moda, o lo más innovador y caro en tecnología, mientras que a ellos, que se esforzaron y dieron lo mejor de sí, simplemente les trajeron una bota con dulces.

Por eso en esta casa nosotros le ponemos las cosas fáciles a nuestro adorado personaje, Santa trae un regalo lindo pero casi simbólico, y nosotros traemos el más anhelado, platicado, visto en comerciales, anuncios y todos esos medios infinitos de publicidad, por aproximadamente 3 semanas, mientras esté dentro de nuestras posibilidades; y con mucho amor y orgullo nos damos el crédito de haber hecho realidad una ilusión en nuestros dos adorados hijos.

Entiendo que nuestro amor por ellos nos lleve a la romántica idea de protegerles esa ilusión por los tantos años que sean posibles, y que siempre recuerden esas fechas como memorias dignas de atesorar. Estoy segura, que al paso de los años, Santa va a ser recordado con ternura, pero nosotros los papás, seguiremos viendo de qué manera podemos cumplir un sueño realidad sin importar la edad de nuestros hijos. Ese esfuerzo que hacemos, es digno de que ellos lo empiecen a ver y valorar desde pequeños, así tendrán siempre en mente que los que verdaderamente hacemos las mejores memorias, somos la familia.

Keila Barron

Nací y crecí en la Ciudad de México, el destino me llevó a emigrar a los Estados Unidos hace algunos años emprendiendo un viaje sin retorno. La vida me regaló un marido como nunca lo imaginé, entre dos idiomas y diferentes culturas llegaron mis dos hijos. Mi nombre es Keila, soy una mujer que, como todas, tengo múltiples roles: soy esposa, amante, mamá, hija, hermana, amiga, alumna, y lo que se vaya ofreciendo durante el día. Me encanta platicar, así que que les voy a compartir un poco de todo lo que sucede en esta pequeña familia y los malabares que hago porque todos estemos en una sola pieza antes de irnos a la cama.

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