Temas tabú y la maravillosa infancia

Hace un par de fines de semana tuvimos visitas, vino una prima muy querida con mis sobrinas y mi tía, pasamos unos días divertidísimos y para cerrar con broche de oro, BJ y yo tuvimos la oportunidad de ir al cine a ver la tan aclamada película: Jocker.

Mi marido es trabajador social clínico en una prisión, donde todos los días trata con personas que padecen de diversas enfermedades mentales y/o uso y abuso de sustancias nocivas para la salud, mejor conocido como adicciones. Por lo tanto, en la mesa, durante la comida o desayuno, es común que el tema sea platicado abiertamente frente a los niños.

El trabajo y la carrera de BJ ha aportado muchísimo en mi formación como mamá y adulta, me ha dado la oportunidad de entender un poco lo complejo de ese y muchos temas más. Y en ocasiones me parece increíble que en pleno siglo XXI nos sintamos tan incómodos hablando de temas tan importantes como lo son la salud mental, educación y salud sexual, entre muchos otros temas.

Hace unos días Cald me preguntó si había visto una escena de la película, me la describió y me preguntó de qué trataba Jocker. Primero le pregunté: «¿en dónde viste eso?», a lo cual me contestó: «mamá, el tráiler está en todos lados, ¿qué no lo has visto?». Dicho esto, le dije: «bueno, la película trata de una persona que sufre de una enfermedad que lo hace que ría o llore de manera exagerada sin control. Esa enfermedad no es muy común, por lo tanto, las personas a su alrededor se sienten incómodas y lo ignoran o rechazan»; le platiqué sin detalles la película y quedó medio satisfecho. Después de unos segundos, me preguntó: «¿y por eso no puedo verla?, ¿crees que no puedo entenderlo?»,  pfffff… tomé aire profundamente y le expliqué que aunque es un niño súper inteligente, hay películas que tendrá que esperar a tener cierta edad para poder verlas, por recomendación de los profesionales.

Esta situación me llevó a pensar seriamente en dos cosas: la primera es que, o los papás nos informamos para explicarles a nuestros hijos una realidad incómoda, o de lo contrario, lo van hacer los medios de comunicación con mucha información falsa, distorsionada o que puede ser entendida de forma incorrecta. Y la segunda es que, estamos en una época donde nos guste o no todo ha cambiado, y lo que pudo ser tabú para nuestra generación o las anteriores, en la actualidad son temas comunes entre ellos.

BJ y yo, somos unos papás bastante tolerantes a la diversidad de pensamiento, nos gusta informarnos y enseñarles a los niños a formar una opinión desde bases y fundamentos reales con tolerancia hacia lo diferente, o sea, aceptar y respetar a los demás, sus opiniones y creencias.

Soy consciente que hay muchísimas cosas que pasan en el mundo que nos asustan, nos incomodan y que nos gustaría cerrar los ojos y pretender que no pasan, pero créanme, ahí están, no desaparecen aunque no lo veamos o no queramos verlos. Las enfermedades mentales son una de esas, nos da pavor y no sabemos cómo actuar ante una situación donde hay personas que padecen de algún problema mental.

En lo personal, estoy tratando de educar a los niños con un concepto de salud mental necesaria, es decir, que todos en muchos momentos de nuestra vida, necesitamos de algún tipo de guía o ayuda profesional para entender por qué actuamos de cierta manera y cómo podemos mejorar nuestra calidad de vida. Y como diría mi amado Cald, no olvidemos que aunque sus cabecitas no funcionan igual, siguen siendo “amigos especiales”.

Keila Barron

Nací y crecí en la Ciudad de México, el destino me llevó a emigrar a los Estados Unidos hace algunos años emprendiendo un viaje sin retorno. La vida me regaló un marido como nunca lo imaginé, entre dos idiomas y diferentes culturas llegaron mis dos hijos. Mi nombre es Keila, soy una mujer que, como todas, tengo múltiples roles: soy esposa, amante, mamá, hija, hermana, amiga, alumna, y lo que se vaya ofreciendo durante el día. Me encanta platicar, así que que les voy a compartir un poco de todo lo que sucede en esta pequeña familia y los malabares que hago porque todos estemos en una sola pieza antes de irnos a la cama.

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